Investigación revela el infierno en la tierra para los animales

gcb-investigacionPor más de dos meses a fines de 2012, un investigador de PETA se infiltró como empleado en Global Captive Breeders, LLC (GCB), una compañía que criaba y vendía reptiles y ratas en Lake Elsinore, California. El investigador de PETA documentó que algunos trabajadores de la compañía, incluyendo el gerente – y generalmente con pleno conocimiento del propietario, Mitch Behm – abandonaron a su suerte a miles de animales, muchos de ellos hasta su muerte, y cruelmente mataron a una innumerable cantidad de muchos otros.

Basados en evidencias brindadas por PETA, agentes del orden público ingresaron a GCB el 12 de diciembre y montaron el mayor rescate de ratas abandonadas en la historia de EE.UU., y la mayor cantidad de animales decomisados en California. Todos los animales – más de 600 reptiles y 18.000 ratas – fueron cedidos por Behm para ser custodiados por la ciudad, y una investigación penal está en curso.

El establecimiento, que apestaba a muerte, descomposición y amoníaco proveniente de la orina y las heces acumuladas, típicamente albergaba miles de ratas adultas y cientos de reptiles, incluyendo serpientes, varanos, escincos, lagartijas geco y tortugas sulcata, con apenas dos empleados tiempo completo y un ayudante de tiempo parcial a mediados de diciembre.

RATAS: NACIDAS PARA MORIR

La mayoría de las miles de ratas mantenidas en GCB eran lo que la industria de comercio de mascotas llama animales “para alimentación” – criados y vendidos como alimento de serpientes y otros reptiles carnívoros cautivos mantenidos como “mascotas”. Debido a la imposibilidad del establecimiento de brindarle a los animales ni siquiera sus más mínimos requerimientos, las ratas no solo estaban condenadas a morir de forma espantosa y dolorosa dentro de GCB, sino también que nacían y eran mantenidas en la suciedad y en la miseria durante todas sus vidas.

  • Ratas – incluyendo aquellas debilitadas por la enfermedad y el sufrimiento por lastimaduras – eran rutinariamente tomadas por la cola y golpeadas contra postes de metal, estantes metálicos, mesas y paredes cuando los empleados (incluyendo el gerente del establecimiento) decidían matarlas. Muchas no morían rápidamente – y eran lanzadas dentro de botes de basura o dentro de las jaulas de los reptiles mientras estaban con vida y convulsionando. Algunas ratas, incluyendo las recién nacidas, eran congeladas vivas, a pesar de disponer de cajas de gas improvisadas en las que los animales podrían haber sido matados con menos sufrimiento. A las ratas sueltas les disparaban con una carabina de postas, una rata fue pisoteada y mutilada y luego azotada contra un estante de metal y finalmente matada, y muchas ratas fueron apaleadas con tenazas de metal y la culata de una carabina de postas.
  • Las tinas usadas para albergarlas se inundaban frecuentemente, ahogando a innumerables ratas y dejando a cientos de ellas luchando por mantener sus cabezas fuera del agua mientras ésta subía. Exhaustas, temblando y aterrorizadas, muchas ratas madre observaban impotentes a sus recién nacidos ahogarse.
  • Cientos de ratas se encontraron muertas en las tinas, donde habían sido privadas de las necesidades más básicas – aire razonablemente limpio, un lugar seco donde echarse, agua para beber, alimento nutritivo, atención veterinaria, tratamiento mínimamente humano y espacio adecuado para aseo y para involucrarse en otras formas normales y esenciales de comportamiento.
  • Durante la clasificación y traslado de ratas, el gerente del establecimiento estaba dentro de los que las lanzaban hasta 8 pies dentro de contenedores de plástico duro.
  • Las válvulas de agua en los recintos de las ratas frecuentemente funcionaban mal, dejando a los animales sin agua por extensos períodos, sedientas, con sus narices sangrantes por empujar las válvulas totalmente secas, deshidratadas, y en muchos casos, muertas.

MUERTOS DE HAMBRE LENTAMENTE, IGNORADOS INTENCIONALMENTE

Serpientes, escincos, lagartijas geco y otros reptiles en GCB fueron básicamente abandonados hasta morir; estaban tan descuidados que, en muchos casos, sus muertes fueron imperceptibles por la gerencia – por días, dejando los recintos y las carcasas en descomposición llenos de gusanos. Algunos de ellos capturados en estado salvaje y robados de sus hogares nativos, los reptiles de GCB no tenían demasiadas oportunidades de supervivencia.

  • Behm les repetía a los empleados no ocuparse de los reptiles del establecimiento porque su ingreso provenía de las operaciones de crianza de ratas y “no había razón para perder más tiempo” (donde se albergaban los reptiles) cuando los reptiles no generaban ningún ingreso.
  • Muchos reptiles eran mantenidos en estanterías sin luz, cajones opacos tan pequeños que no podían moverse, comer ni expeler  normalmente y estaban atrapados en su propia suciedad.
  • Muchos reptiles eran confinados sin acceso al agua.
  • Decenas de reptiles empacados para venta en una feria comercial fueron apiñados dentro de vasos de plástico transparente sin alimento, agua ni tampoco otros elementos esenciales al menos por una semana.
  • Las privaciones crónicas eran la norma en GCB – los reptiles a menudo languidecían durante semanas antes de finalmente morir – desesperados, aislados y habiéndoseles robado todo lo que era natural e importante para ellos.

ALMACENADOS EN LA SUCIEDAD, ATRAPADOS EN LA MISERIA

Típicamente Behm empleaba apenas a tres personas – y más tarde, a uno de ellos solo tres veces por semana – para cuidar hasta 19.000 animales durante los días de semana. Los fines de semana los reptiles no eran asistidos para nada, y hacia fines de octubre, las ratas tampoco, lo que significaba una enorme cantidad de conteo de cuerpos los lunes por la mañana. Solo durante sus primeros días en GCB, los agentes del orden público encontraron más de 700 animales muertos.

El investigador de PETA nunca vio que GCB trajera un veterinario al establecimiento y él pedía atención veterinaria para cualquiera de los animales esta era continuamente rechazada, lo mismo para aquellos que estaban claramente en condiciones críticas y en el umbral de la muerte.

El investigador de PETA llamó obviamente la atención del gerente Behm sobre el sufrimiento de los animales enfermos y lastimados, y sobre otros, pero en vano. Semana tras semana, los animales languidecían y morían, incluyendo éstos:

  • Una boa constrictora albina, raquítica, aletargada, pálida y reseca – echada junto a gusanos y apestando a carne putrefacta por un mes – a la que el gerente y un empleado rechazaron ayudar o mismo poner a dormir por su sufrimiento porque Behm se enojaría según se informa. En lugar de eso, Behm le dijo al gerente que “lavara” a la serpiente en agua; la serpiente murió en una semana.
  • Por alrededor de una semana, un delgado, lánguido varano arbóreo negro bebé que estaba frío al tacto fue dejado consumirse hasta finalmente morir. El gerente dijo que sería “muy costoso” aplicar la eutanasia al lagarto. Otro empleado dijo que el animal tenía que “languidecer .. hasta que él” muriera.
  • Una boa constrictora de Hogg Island fue dejada sufriendo con su nariz sumamente hinchada y sin tratamiento, por alrededor de un mes luego de que el gerente viera a la serpiente. Un empleado usó una tachuela que quitó de un tablón de anuncios para repetidamente punzar la cara de la serpiente y perforar la nariz del animal mientras la serpiente forcejeaba y se retorcía. El empleado luego apretaba fuertemente la cara de la serpiente hasta que el pus erupcionaba desde la herida. La nariz de la serpiente volvió a inflamarse en un par de días y así continuó languideciendo.
  • Un débil y debilitado escinco de lengua azul se le dejo que arrastrara su pata trasera y que sufriera por más de una semana antes de morir. Cuando el investigador de PETA le dijo al gerente que el escinco necesitaba atención, el gerente lanzó sus manos al aire y exclamó: “No hay nada que yo pueda hacer por él … si muere, muere. Eso es mejor que tenerlo viviendo aquí, creo”.

UNA HISTORIA DE SADISMO

El propietario de GCB, Mitch Behm, no es desconocido para PETA. En 1985, cuando era un estudiante de biología en la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook, Behm criaba ratones, ratas y conejos y luego se grababa a sí mismo lanzándolos dentro de minúsculos recintos con hurones que atacaban, mutilaban y mataban a los animales. El perverso “predador de experimentos de comportamiento” – que no eran aprobados por la universidad – eran, según Behm en aquél momento, en parte para su “placer personal”. PETA distribuyó el vídeo con el título “Getting Away With Murder”. Mira el perturbador rodaje por ti mismo. PETA nunca olvidó a Behm, cuyo negocio en 2012 mostró que poco había cambiado en décadas desde que nos topamos por primera vez con su inclinación perversa por mirar a animales sufrir.

LO QUE PUEDES HACER

La crueldad documentada por el investigador de PETA en GCB es típica de la suciedad, amontonamiento, privación y estrés que las investigaciones de PETA han documentado de los proveedores del comercio de mascotas una y otra vez. Puedes ayudar a los reptiles, ratas, ratones y otros animales explotados por este negocio despiadado de miseria y sufrimiento y guiado por la avaricia, prometiendo nunca frecuentar las tiendas que venden animales vivos.