Se ha reportado que al menos 15 perros murieron en la primera carrera del Iditarod, y el número de muertos ha seguido aumentando desde entonces.

Otros perros apenas logran salir con vida. Tomemos la carrera del 2021, por ejemplo: cuando llegó a su fin el 18 de marzo, cerca de 200 perros fueron retirados de la pista por extenuación, enfermedades, lesiones y otras causas, forzando al resto a trabajar aún más. El musher Dallas Seavey (quien ha hecho correr a perros que han dado positivo por opioides, opera una perrera acusada de matar a perros que no eran aptos para correr y es dueño de una propiedad donde un informante dijo haber encontrado cachorros moribundos) terminó primero después de que cuatro perros a los que les exigió más allá de su límite tuvieron que ser sacados de la carrera. La musher Brenda Mackey admitió que tuvo que abandonar la carrera después de que los perros a los que forzó a correr tuvieran “la diarrea más espantosa que vi jamás”, vomitaran violentamente y desarrollaran neumonía por aspiración, la principal causa de muerte de los perros del Iditarod. Y el musher Martin Buser aparentemente volvió a colocar a un perro lesionado en el arnés y lo forzó a seguir corriendo.

Descubre otras nueve razones por las que el Iditarod es una pesadilla mortal para los perros forzados a correr:

 

1. Las muertes de los perros en el Iditarod son tan comunes que las reglas oficiales despreocupadamente afirman que algunas muertes pueden considerarse “inevitables”.

El Iditarod ha matado a más de 150 perros desde su inicio en 1973. Cinco murieron en 2017. En la última década, los perros que han competido en el evento han muerto por varias causas, como asfixia, ataques al corazón, traumatismo por haber sido golpeados por un vehículo, congelamiento, líquido excesivo en los pulmones y neumonía aguda por aspiración (por inhalación de vómito).

 

2. Si los perros no mueren en la pista, de todas maneras quedan marcados permanentemente.

La revista médica American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine informó que más del 80 por ciento de los perros que terminan el Iditarod padecen daño pulmonar persistente. Un estudio independiente en la revista científica Journal of Veterinary Internal Medicine demostró que los perros obligados a participar en carreras de resistencia tenían un 61% más de probabilidades de ser afectados por gastritis erosivas o úlceras. Y en un artículo en la revista médica Medicine & Science in Sports & Exercise (la revista oficial del Colegio Americano de Medicina del Deporte), científicos concluyeron que los perros usados en carreras de trineos sufren disfunción de las vías respiratorias, algo similar al “asma del esquí” (una condición similar al asma causada por ejercicio intenso en clima frío) que persiste incluso después de cuatro meses de descanso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3. No existe un plan de retiro.

Foto de un perro encadenado en una instalación operada por Joe Redington Jr., el hijo del cofundador del Iditarod, Joe Redington.

Los criadores de los perros usados en las carreras de trineo han admitido libremente que asesinan a los perros “sobrantes”. Pueden ser asesinados si no son lo suficientemente rápidos, si no están en forma para la competencia o si no cumplen con ciertos estándares estéticos, como por ejemplo, si tienen las almohadillas de las garras blancas. A los perros que terminan la carrera pero que ya no son útiles para la industria pueden dispararles, ahogarlos o abandonarlos para que mueran de hambre.

 

4. El sufrimiento de los perros no se acaba, ni siquiera al final de la carrera

Un testigo de PETA trabajó en dos perreras propiedad de dos excampeones del Iditarod y encontró negligencia y sufrimiento generalizados allí. Los perros no recibían atención veterinaria por sus dolorosas lesiones, estaban permanentemente encadenados en el frío polar con solo cajas destartaladas o barriles de plástico como “refugio” por los que ingresaban corrientes de aire y eran forzados a correr incluso exhaustos y deshidratados.

 

5. Los perros jalan los trineos de los mushers hasta 100 millas al día.

Durante la carrera, se espera que corran más de 1.000 millas en menos de dos semanas y las reglas de la carrera exigen solo 40 horas de descanso durante todo el período de la carrera. Tienen prohibido refugiarse durante cualquier parte de la carrera, excepto durante exámenes veterinarios o tratamiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6. La mitad de los perros que comienzan la carrera no la terminan.

Un perro se sienta en el techo de una casa para perro en una perrera operada por el excampeón del Iditarod, Lance Mackey. En 2015, los colegas de Mackey le dieron el Premio a la Deportividad, a pesar de que dos de sus perros murieron de posibles infartos durante la carrera.

Los perros heridos, enfermos y exhaustos, con frecuencia son “dejados” en puntos de control, pero las normas del evento requieren que solo a los perros que empiezan la carrera se les permita terminar, lo que quiere decir que los animales restantes deben trabajar en condiciones aún más extenuantes, jalando aún más peso.

 

7. Ningún perro elegiría correr en esta pesadilla ártica.

Las heridas ortopédicas son la razón número uno por la que los perros son “dados de baja” del Iditarod, lo que deja en claro que ningún perro, sin importar la raza, es capaz de soportar una agotadora carrera en hielo, bajo el viento, tormentas de nieve y temperaturas bajo cero. Aún usando botas, muchos pueden terminar con los pies moreteados, cortados o hinchados. También padecen de úlceras hemorrágicas estomacales, distensión o desgarro muscular, y otras heridas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8. Miles de perros son criados cada año para las carreras de trineos.

Estos perros viven en una perrera administrada por el campeón del Iditarod 2017, Mitch Seavey. Están encadenados con tan solo un barril de plástico como refugio.

Mientras tan solo pocas docenas de perros criados por cada musher para la carrera serán finalmente considerados aptos para competir, muchos más quedarán amarrados y encadenados la mayor parte de sus vidas, algunos sin nada más que deterioradas jaulas de plástico como refugio.

 

9. Los perros en las instalaciones de cría de perros para tirar de trineos han muerto por numerosas dolencias.

Perro que vive en una perrera operada por el campeón del Iditarod del 2017, Mitch Seavey. (© CCI Entertainment)

Algunos se han congelado hasta la muerte, mientras que otros han muerto de complicaciones por tragar rocas, presumiblemente por la intensa frustración de pasar años encadenados.

 

 

Los perros merecen algo mucho mejor que toda una vida de aislamiento, crueldad, sufrimiento y muerte en la pista del Iditarod

 

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