7 Razones por las que los Cazadores de Trofeos y los Deportivos son uno Solo

Como lo han descubierto Walter Palmer, Tess Talley, Darren Carter y muchos otros cazadores ahora infames, la mayoría del mundo no ve la caza de trofeos con buenos ojos. Enfrentados a esta reacción mundial, los cazadores deportivos están tratando de distanciarse de sus homólogos ampliamente condenados. Pero hay poca diferencia entre las personas que matan elefantes, rinocerontes, jirafas, leones y búfalos por diversión y aquellos que se divierten disparando a ciervos, ardillas, zorros, coyotes, pavos y osos.

Un verdadero deporte implica una competencia pareja entre dos individuos dispuestos a participar. Cuando un lado tiene todo el equipo y todas las ventajas y el otro lado ni siquiera se da cuenta de que él o ella está involucrado y muere al final, no, eso no es un deporte.

Estas son 7 razones por las que los cazadores de trofeos y los deportivos son lo mismo:

 

1. Causan Sufrimiento Innecesario

Todos nos enfurecimos cuando supimos que Walter Palmer hizo sufrir a Cecil durante 10 a 12 horas antes de finalmente terminar con la miseria del león herido. Pero ese mismo escenario se repite cada día durante la temporada de caza.

Más del 50 % de la veces, los arqueros no matan sino hieren a los ciervos que alcanzan. Un estudio realizado por el Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas descubrió que por cada venado muerto por un arquero, al menos uno más escapa para sufrir y morir lentamente. Un miembro de la Maine BowHunters Alliance también determinó que el 50 % de los animales alcanzados por ballestas resultan heridos pero no muertos. A un 20 % de los zorros baleados por los cazadores les tienen que disparar nuevamente, y otro 10 % logra escapar, pero “morir de hambre es un destino probable” para ellos, concluyó un veterinario. Y un biólogo del Departamento de Juego, Pesca y Parques de Dakota del Sur calcula que más de 3 millones de patos heridos cada año quedan “sin recuperar”.

Deer with arrow through her nose and jaw

Un artículo en la Bowhunter Magazine titulado “Pérdidas por Heridas de Arco EL GRAN MITO” dice:

“Es inquietante saber que probablemente herimos a un ciervo por cada animal recolectado”.

Y un artículo llamado “¡La caza responsable comienza contigo!”, de un editorialista invitado en Western Bowhunter, profundiza:

“No hable con nadie sobre herir animales, especialmente en lugares públicos o entre los no cazadores … Si graba sus cacerías en video, no muestre escenas sangrientas de asesinatos, manejo rudo de los animales y animales que luchan, patean o tiemblan mientras agonizan, a los no cazadores o a los que están en contra de la caza”.

2. Destrozan a las Familias

Ya sea una leoparda por su abrigo o una cierva por su carne, cada vez que un cazador mata a una hembra que está criando, sus bebés quedarán huérfanos y lucharán por sobrevivir, morirán de hambre o serán asesinados por depredadores. National Geographic explica que cuando los cazadores matan a elefantes hembras, es especialmente dañino para sus rebaños porque “las hembras mayores son las depositarias de la sabiduría colectiva del rebaño. Las matriarcas son las que saben dónde encontrar agua y comida”. Para los animales como los lobos y los gansos que se aparean de por vida y viven en grupos familiares muy unidos, la caza puede devastar comunidades enteras.

3. Matan a Animales que ‘no son el Objetivo’

No importa a cuál animal apunten, las balas y flechas de los cazadores a menudo alcanzan objetivos no deseados, incluidos otros animales salvajes, animales de compañía y humanos.

Rabbit with arrow through her body

Cuando los cazadores usan balas de plomo, la mayoría de las cuales se fragmentan en cientos de pequeños pedazos al dispararse, el cuerpo del animal a quien le disparan queda lleno de plomo. Otros animales que comen los restos del cadáver abandonado por los cazadores, con frecuencia sufren de envenenamiento por plomo. Fue el envenenamiento con el plomo de los cadáveres de animales baleados lo que llevó a los cóndores de California al borde de la extinción, antes de que décadas de decididos esfuerzos de recuperación y la prohibición estatal de municiones de plomo, les ayudara a comenzar a recuperarse.

Y la carne animal, producto de sus asesinatos, que los cazadores donan a los bancos de alimentos (lo que hacen muchos para proveer una excusa para matar), también suele estar contaminada con plomo. Un estudio realizado en Dakota del Norte encontró que casi el 60 %  de la carne de venado donada a las despensas de alimentos contenía fragmentos de plomo.

La caza “deportiva” también lastima a los perros. Tantos perros utilizados para cazar son abandonados a su suerte cuando termina la temporada, que incluso hay un nombre para ello: hound dumping (Abandono de sabuesos). La lógica es, presumiblemente, que es mucho más barato abandonar a los perros en el bosque que proporcionarles unos meses de comida. Aquellos que son mantenidos y utilizados para la caza de temporada en temporada, a menudo son encadenados o enjaulados al aire libre durante todo tipo de climas extremos y se les niega la atención veterinaria necesaria. Se les da apenas un poco más de respeto que a los animales que los cazadores salen a matar.

4. Conducen Especies a la Extinción

La mayoría de nosotros ha leído la realidad aleccionadora: solo quedan unos 20.000 leones en África, mientras que hace solo 50 años, habían 450.000, lo que significa que ha habido una disminución del 95 % en su población. Los cazadores de trofeos matan a unos 600 de ellos cada año. También matan a unos 5.000 leopardos cada año, de los cuales solo quedan 50.000. La población actual de elefantes africanos es de aproximadamente 300.000, y cada año 40.000 son asesinados. No es difícil ver que a este ritmo, los animales salvajes no existirán por mucho más tiempo.

La caza ha contribuido a la extinción de especies animales en todo el mundo, incluyendo el tigre de Tasmania, el alca gigante, el leopardo de Zanzíbar, el dodo, la paloma pasajera, la cuaga, el lobo de las Islas Malvinas, la foca monje del Caribe, la cotorra de Carolina, el oso Atlas, el ualabí de Grey, el visón marino, el antílope bubalis y la vaca marina de Steller.

Y muchos animales que no se consideran de “caza mayor” están amenazados, pero continúan siendo cazados, como el caimán del Misisipi, el lobo mexicano, el lobos gris, la nutria marina del norte, el caribú de bosque y el oso grizzly.

5. Disfrutan Coleccionando Trofeos

Los depredadores naturales ayudan a mantener el equilibrio del ecosistema al matar solo a los individuos más enfermos y débiles. Sin embargo, los cazadores intentan matar a los animales que les gustaría colgar sobre su chimenea, por lo general, los animales más grandes y robustos, que son exactamente los necesarios para mantener a la población fuerte. Ya sea que busquen el cuerno de un rinoceronte o las astas de un ciervo, el objetivo de un cazador es el mismo: abrir un agujero en un animal grande y majestuoso y quedarse una parte del cuerpo como trofeo.

Room full of taxidermy and hunting trophies on tables, including two deer, a fox and an owl.

6. Matan a Animales Atrapados

El documental Blood Lions expuso el comercio de caza enlatada de leones de Sudáfrica: Alrededor de 8.000 leones criados en cautiverio y domesticados viven actualmente en alrededor de 200 instalaciones cercadas en las que los cazadores de trofeos pueden pagar hasta $ 50.000 para matar a uno de ellos. La muerte está esencialmente garantizada, ya que los animales están acostumbrados a estar cerca de los humanos, han aprendido a ir a cierto lugar para alimentarse y no tienen posibilidad de escapar cuando les disparan.

Si eso te enfurece (y debería hacerlo), considera que hay unas 1.000 instalaciones de caza enlatada en los Estados Unidos. Los cazadores pueden pagar para matar animales nativos y exóticos, incluidos bisontes, ciervos, antílopes africanos bongo (los que tienen hermosos cuernos en espiral), pavos, ñus, tars del Himalaya, cabras, órices de Arabia, alces blancos, antílopes elands comunes, impalas, búfalos de agua asiáticos y otros, que fueron criados y mantenidos en cautiverio para ser baleados. La mayoría de estas haciendas operan con una política de “sin muerte, no hay paga”, por lo que es de interés financiero para los propietarios asegurarse de que sus clientes sedientos de sangre obtengan lo que fueron a buscar.

7. Lo Hacen por la “Emoción” de Matar

A pesar de lo que todo cazador vocifera desde que amanece hasta que anochece sobre la “conservación”, no se puede conservar a los animales matándolos. Los cazadores matan porque les gusta matar, como unos pocos lo han admitido.

Cuando Tess Talley, la del infame asesinato de una rara jirafa negra, apareció en This Morning de CBS, el presentador, Tony Dokoupil le preguntó sobre el argumento de “la conservación”, diciendo: “El dinero de la ‘ caza de conservación‘, como usted lo describe, es un suma insignificante en comparación con el turismo de vida silvestre. Así que el argumento no es el más fuerte. Si dijera gozo, dijera que lo disfrutó, eso lo entiendo. La parte de conservación no cuadra”. Balbuceando una respuesta, Talley respondió:

“Es duro, es una ciencia, es realmente difícil. No soy conservacionista, soy cazadora”.

Y ella tiene razón. Las personas que matan animales no son conservacionistas.

El ecosistema funciona bien solo cuando los humanos no se involucran. Y los animales salvajes generalmente solo se consideran “superpoblados” cuando los humanos invaden su territorio menguante, dejándolos con hábitats y suministros de alimento disminuidos. Dios no permita que un venado muerda algunas begonias o que un coyote sobreviva comiendo una vaca que de otro modo habría sido llevada al matadero, donde la habrían degollado y la habrían despedazado. “¡Superpoblación!” gritan los cazadores en medio de una ráfaga de pistolas y ballestas.

No importa que sus excusas no se sostengan. Cuando los cazadores matan a un gran número de ciervos, por ejemplo, el aumento resultante en el suministro de alimentos y la disponibilidad del hábitat alienta a otros a trasladarse al área y a los animales a reproducirse más rápidamente, causando un aumento de la población. Y las agencias de vida silvestre con frecuencia matan a los depredadores naturales, como lobos, osos y coyotes, para evitar que éstos se coman los alces, caribúes y venados que los cazadores quieren matar por diversión.

¿Y qué hay con el viejo argumento de los cazadores sobre la prevención de accidentes automovilísticos? Esa es otra imprecisión. Cuando los cazadores convierten los bosques en zonas de guerra, los animales aterrorizados corren, a menudo directamente hacia las carreteras. La aseguradora con sede en Pensilvania Erie Insurance, que durante años ha analizado los datos de colisión de vehículos con venados en ese estado, halló que el día de apertura y el primer sábado de la temporada de caza de venados son “[d]os de los días más peligrosos para conducir”. Y de acuerdo con el Servicio de Información de Seguros de Missouri, el aumento de la actividad de los ciervos asociado con la caza es un “factor importante” en el aumento de las colisiones de vehículos con venados que ocurren durante los últimos tres meses del año.

Howard Siegel, autor de Ordinary Beasts: Hunting and Cultural Psychopathy, leyó libros a favor de la caza y entrevistó a cazadores para tratar de determinar por qué matan animales. Concluyó:

“[L]os cazadores deportivos encuentran mucho placer disparando a los animales … Esa es la razón por la que lo hacen … Es matar sin otro propósito que el de la autocomplacencia del cazador”.

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No importa qué consigna les guste usar y no importa qué animales persigan, los cazadores de trofeos y los cazadores deportivos son iguales: Causan sufrimiento a los animales, separan a las familias y destruyen las poblaciones, simplemente porque quieren.