PETA está incorporando a tres nuevos integrantes al ya abarrotado Salón de la Vergüenza de la Universidad de Washington (UW): los experimentadores en cerebros de monos Gregory Horwitz, Robi Soetedjo y Jonathan Ting.
Los tres pertenecen al departamento de neurociencia de la UW, donde les perforan el cráneo a los monos, les inyectan virus en el cerebro, los privan de agua y comida y los someten a cirugías repetidas que dejan a los animales muertos o padeciendo dolorosas complicaciones.

PETA descubrió la magnitud de los fracasos de este trío después de que su historial de incumplimiento de normas y mutilación de monos los pusiera brevemente bajo escrutinio durante una reunión del comité universitario encargado de supervisar el uso de animales.
Pero este breve intento de rendición de cuentas quedó frustrado por el deficiente sistema de supervisión de la UW, que permite a los experimentadores justificar el sufrimiento, las lesiones y las muertes de animales.
Trío de torturadores de monos
Horwitz, Soetedjo y Ting se suman a una larga lista de experimentadores en animales de la UW que prosperan en un entorno donde se recompensa la crueldad y la incompetencia es habitual. Entre ellos se encuentra la infame exdirectora del centro de primates, Michele Basso, otra neurocientífica cuyo flagrante desprecio por las normas dio lugar a una prohibición sin precedentes que le impidió usar animales durante al menos un año.
En las pruebas dirigidas por Horwitz y Ting, los experimentadores perforaron los cráneos de monos, les introdujeron sondas de plástico en la cabeza y les inyectaron virus en el cerebro antes de matarlos. También realizaron repetidas incisiones en la espalda de los animales y tuvieron dificultades para cerrar las heridas quirúrgicas.
Entre 2020 y 2026, sometieron a 71 monos a devastadoras cirugías cerebrales. Muchos de estos animales perdieron el control de sus músculos y padecieron temblores, debilidad, depresión, inflamación y muerte. Una alarmante tasa del 41 % de los monos padeció complicaciones, incluidas lesiones, infecciones y la muerte. Cinco tuvieron que ser matados antes de lo previsto, y algunas heridas no cicatrizaron, lo que requirió más cirugías invasivas.
Durante la reunión, Horwitz admitió que la “tasa de complicaciones” de su equipo es mucho más alta que la de otras instituciones, pero no ofreció ninguna explicación. Aún más indignante, el panel de supervisión decidió no investigar específicamente por qué la tasa era más elevada en el centro de primates.
En experimentos dirigidos por Soetedjo, el personal se apartó del protocolo al restringir la alimentación de un mono para obligarlo a cooperar mientras lo entrenaban para tolerar las sujeciones invasivas utilizadas en los experimentos.
Décadas de experimentos, y siguen sumando
El trío ha sido coautor de numerosas publicaciones y, en conjunto, ha recibido más de$25 millonesde los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) desde 2020. Cada uno ha construido una larga carrera obligando a monos y otros animales a soportar una serie de pruebas mortales.
Horwitz se desempeña como jefe de la Unidad de Neurociencia del centro de primates de la universidad. Durante casi 30 años, ha sometido a monos a experimentos inútiles, que incluyen cortarles el cráneo, atornillarles dispositivos en la cabeza, introducir electrodos en el cerebro y conectarles cables a los ojos.
Soetedjo ha experimentado en monos durante más de dos décadas. Su artículo de 2017, escrito en coautoría con Horwitz, describe la inyección de virus en el cerebro de monos, la aplicación de luz sobre sus cerebros expuestos para activar células modificadas genéticamente y cómo los obligaban a realizar pruebas de movimiento ocular antes de matarlos.
Ting ha sometido tanto a monos como a ratones a cirugías invasivas, incluida la inyección de virus en el cerebro. Ting celebró una técnica que desarrolló para obtener cortes frescos de cerebro de mayor calidad mediante la apertura del pecho de un ratón, la inserción de una aguja en el corazón, el drenaje de la sangre y la decapitación del ratón con tijeras, antes de abrirle el cráneo y extraerle el cerebro.
Uno de los artículos de Ting describe cómo se fijó un dispositivo al cráneo de un mono y se reemplazó la protección natural de su cerebro por una membrana artificial, permitiendo a los experimentadores acceder repetidamente a su cerebro. En otro experimento, Ting colocó cubiertas craneales transparentes a ratones, les fijó pernos de inmovilización y les extirpo partes del cráneo. Luego, los experimentadores privaron a los ratones de agua para obligarlos a cooperar en diversas pruebas, y les examinaron sus cerebros antes de matarlos a todos.
Monos enfermos, ciencia nociva
Los experimentos de neurociencia de la UW también están plagados de fallas científicas.
Los experimentadores utilizan monos “con descuento”, animales con problemas de salud o psicológicos conocidos que son reutilizados de un experimento a otro. Los complejos historiales médicos de estos monos pueden afectar los resultados de los experimentos.
Horwitz y Ting utilizaron monos procedentes del grupo de animales no deseados y “con descuento” del centro de primates para sus experimentos de inyección cerebral. Muchos de estos monos tenían antecedentes de acicalamiento excesivo y otros problemas psicológicos derivados de pasar sus vidas confinados en jaulas. Los dos experimentadores también inyectaron a los monos con virus procedentes de múltiples fuentes que no habían sido fabricados conforme a estándares de calidad clínica, una práctica identificada como un posible factor en las devastadoras enfermedades que se produjeron posteriormente.
Qué puedes hacer
El Centro Nacional de Investigación de Primates de Washington está plagado de sufrimiento e incompetencia, mientras acapara millones de dólares de fondos federales para financiar experimentos fallidos y mortales. Por favor, ACTÚA para ayudar a cerrarlo:
Cerren la prisión de primates de la UW