Algunos cerdos del laboratorio del experimentador John Kevin Donahue mueren antes de que él tenga la oportunidad de matarlos y diseccionarlos.
Registros universitarios filtrados a PETA revelan que los animales utilizados en los crueles experimentos de Donahue en la Facultad de Medicina Chan de la Universidad de Massachusetts (UMass Chan) sufrieron complicaciones mortales, entre ellos dos cerdos que fueron encontrados muertos en sus jaulas tras procedimientos invasivos y otro cuyo deterioro de salud fue ignorado hasta que murió.
Estos registros se suman al creciente expediente de PETA sobre Donahue, quien induce ataques cardíacos en cerdos bebés, corta el pecho de animales, implanta dispositivos en sus corazones y los somete a procedimientos recurrentes antes de matarlos y diseccionarlos.
Los horrores de un infarto
Los cerdos tienen aproximadamente dos meses de edad cuando llegan al laboratorio de Donahue.
Los experimentadores inducen ataques cardíacos en algunos insertando balones en sus arterias e inflándolos para bloquear el flujo sanguíneo durante horas. A otros los mutilan en cirugías a corazón abierto, en las que los experimentadores cortan sus huesos y aplican virus directamente sobre sus órganos expuestos.

En algunas pruebas, los cerdos soportan durante semanas estimulación eléctrica mediante cables introducidos a través del cuello y el corazón, mientras un marcapasos envía pulsos rápidos que provocan ritmos cardíacos anormales y peligrosos. Todos los cerdos terminan muertos y diseccionados.
Los conejos también sufren. Donahue les abre el pecho y aplica virus directamente en sus corazones. Después, los conejos soportan seis semanas de monitoreo, extracciones de sangre y procedimientos adicionales mientras están despiertos e inmóvilizados. Luego son asesinados.
Muerte por negligencia
Uno de los cerdos del laboratorio de Donahue sufrió tal nivel de negligencia que los inspectores federales se vieron obligados a prestar atención.
Los registros muestran que el “Cerdo 726” se deterioró rápidamente tras padecer uno de los procedimientos característicos de Donahue para provocar ataques cardíacos. Un mes después de la cirugía, el cerdo estaba letárgico, permanecía acostado y no podía o no quería comer; incluso rechazó la fruta que le ofreció el personal.
Al día siguiente, sus orejas, hocico, cola y parte inferior de las piernas se tornaron azules, indicando que esas zonas de su cuerpo no recibían suficiente oxígeno. Sin notificar a un veterinario, el personal lo anestesió y le introdujo tubos en las venas mediante procedimientos no autorizados.
Después, devolvieron al cerdo a su jaula. Nadie volvió a revisarlo hasta la mañana siguiente, cuando lo encontraron acostado de lado, con las orejas, el hocico, la cola y las piernas todavía azules. Se desplomó dos veces al intentar levantarse. Finalmente, un veterinario lo examinó y registró múltiples signos de problemas de salud graves, pero le administró un analgésico en lugar de practicarle la eutanasia para acabar con su sufrimiento.
Menos de dos horas después, el “Cerdo 726” murió. Un examen posterior reveló infecciones en el cuello y el corazón.
El Departamento de Agricultura de EE. UU. citó a la UMass Chan por una violación crítica de la Ley de Bienestar Animal por negarle al cerdo atención veterinaria adecuada y no informar al veterinario sobre sus numerosos problemas de salud.
Muerte a manos de Donahue
Según los registros de la universidad, otros dos cerditos fueron encontrados muertos en sus recintos después de ser usados en los experimentos de Donahue para provocar ataques cardíacos.
Los registros describen al primero, el “Cerdo 717”, como tímido y “muy asustadizo”.
Los experimentadores lo sedaron, le metieron un tubo endotraqueal por la garganta y lo conectaron a un ventilador. Inflaron un balón dentro de uno de sus vasos sanguíneos, bloqueando el flujo sanguíneo por unas dos horas y media y causando daño al corazón. Después, le implantaron un dispositivo diseñado para corregir ritmos cardíacos anormales.
Tras la cirugía, el “Cerdo 717” estaba presuntamente aletargado, y sangró por el recto después de que le retiraran un termómetro. Los experimentadores lo devolvieron a su jaula.
Más tarde esa misma noche, estaba muerto.
Los registros también describen al “Cerdo 796” como tímido.
Los experimentadores lo sedaron, le abrieron el pecho, le implantaron un marcapasos, lo sometieron a pruebas a corazón abierto y lo devolvieron a su jaula. Al día siguiente, estaba muerto. Los registros revelan que uno de los cables del marcapasos se había desplazado de su sitio, desencadenando un ritmo cardíaco anormal que le causó un paro cardíaco.
Qué puedes hacer
Donahue se suma a otros experimentadores de la UMass Chan que abren perros, infectan animales con parásitos chupadores de sangre, crían animales para que padezcan dolorosas enfermedades neurodegenerativas, les extirpan la lengua y someten a ratones a dolorosas lesiones intestinales antes de matarlos.
PETA ha presentado una denuncia ante el Departamento de Agricultura de Estados Unidos por el trato negligente que Donahue dio a los cerdos en su laboratorio. Tú puedes ayudar exigiendo a la universidad que abandone el cruel y absurdo negocio de atormentar animales y adopte métodos de investigación sin animales y relevantes para los humanos.
Ayuda a poner fin a los experimentos en animales