La tauromaquia es una muestra arcaica de violencia y crueldad, propia de una época en la que los humanos entendían mucho menos el bienestar y las necesidades de los animales. La cultura mexicana se basa en la compasión, no en la tortura. Estos seres inteligentes y sensibles son obligados a vivir un espectáculo de pesadilla, terror y dolor antes de ser cruelmente asesinados, todo ello por la efímera diversión del público.

La mayoría de los mexicanos están de acuerdo: la tauromaquia es crueldad y debe prohibirse. Este espectáculo sangriento viola el Artículo 4.º de la Constitución mexicana—que protege a los animales contra el maltrato—además de la Norma Oficial Mexicana NOM-033 y la Ley Federal de Sanidad Animal, como lo han confirmado varios tribunales federales. Aun así, Verónica Delgadillo ha permitido que se lleven a cabo, por segundo año consecutivo, corridas de toros en Guadalajara, que iniciarán el 25 de enero. La alcaldesa tiene tanto el poder como la obligación de detener estos eventos sangrientos, en cumplimiento de su juramento de respetar la Constitución y sus leyes.
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Verónica Delgadillo
Alcaldesa de Guadalajara
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