Ruleta Rusa de la Vivisección: La Historia de la Vacuna Contra la Polio

Investigadores de la Escuela de Medicina Yale  y varias otras universidades británicas, examinaron estudios en los que fueron utilizados animales y concluyeron que existe muy poca evidencia para sustentar la idea de que la experimentación en animales ha beneficiado a los humanos. De hecho, muchos de los avances más importantes para la salud humana, incluyendo el descubrimiento de la relación entre el colesterol y las enfermedades cardíacas y el fumar con el cáncer, el desarrollo de los rayos X y el aislamiento del virus que ocasiona el SIDA– son atribuibles a estudios en humanos. Recientemente, miembros del comité de supervisión animal de la Universidad de Washington sugirieron que la experimentación en animales era el método más rápido y eficiente para desarrollar tratamientos y vacunas para mejorar la salud humana. Incluso alegaron que sin las pruebas en animales, los científicos no habrían desarrollado la vacuna contra la polio.

Vamos a dejar algo claro: La historia de la polio no solo demuestra que la experimentación en monos no nos ayuda, la evidencia también muestra que tales experimentos retrasan el desarrollo de terapias vitales.

Polio es el nombre coloquial de una enfermedad causada por el poliovirus y puede ocasionar parálisis temporal e incluso la muerte. El peor brote de polio en EE.UU. ocurrió en 1952, cuando 57.000 personas fueron infectadas, 21.000 sufrieron  parálisis y 3.145 murieron. Se convirtió, rápidamente, en el principal punto de investigación. Una encuesta nacional realizada en 1955, “halló que la polio era lo más temido por los estadounidenses, solo después de la bomba atómica”. La gente tenía miedo y la presión sobre los científicos para desarrollar una vacuna se incrementaba.

Estudios conducidos antes de 1910 en pacientes infectados con el poliovirus de manera natural, demostraron que el virus ingresa al cuerpo humano a través del sistema digestivo. Sin embargo, tras aislar exitosamente al virus, Flexner y su equipo descartaron esos cruciales hallazgos y se enfocaron principalmente en los resultados de los estudios hechos en macacos rhesus a quienes los experimentadores habían inyectado el mortal virus directamente en el cerebro o la espina dorsal.

Al no detectar replicación viral en la sangre de los monos, concluyeron que el poliovirus afectó directamente el cerebro luego de entrar al cuerpo a través de la nariz. Esta interpretación errónea tuvo consecuencias inesperadas cuando la comunidad de investigadores aceptó ampliamente la teoría de Flexner, limitando las vacunas experimentales únicamente a aquellas cuya replicación ocurrió en líneas de células nerviosas, retrasando así el desarrollo de una vacuna efectiva por muchas décadas.

Wade Hampton Frost, epidemiólogo líder en Estados Unidos, una vez dijo que Flexner pasó demasiado tiempo en el laboratorio para poder ver un panorama completo de la propagación de la epidemia de polio.

Y aún más, los experimentadores desarrollaron un atomizador nasal preventivo contra la polio, que detenía la infección en monos, pero no protegía a los niños de contraer la enfermedad. En cambio,  provocó que muchos niños perdieran el sentido del olfato permanentemente. Muchos años después, supimos que el macaco rhesus es una de las pocas especies en las que el poliovirus no se replica en el sistema digestivo y no entra al cuerpo a través de la boca, como lo hace en los humanos.

Los experimentos en monos condujeron a más errores que tuvieron consecuencias catastróficas.

Treinta años después de los estudios en humanos, los vivisectores descubrieron que podían proteger de la polio a los macacos rhesus sanos, inyectándoles anticuerpos derivados de monos infectados en la espina dorsal. Este método involucraba matar a los animales, extraer tejido de sus espinas dorsales infectadas y tratarlo con formaldehído o, en el caso de la vacuna viva, reavivar al virus con ricinoleato de sodio.

Trágicamente, cuando los experimentadores inocularon a 20.000 niños con esas vacunas, 12 de ellos padecieron parálisis grave y seis de ellos murieron. El uso de ambas vacunas se detuvo.

En 1941, más de tres décadas después de que los investigadores descubrieran cómo entraba el virus al cuerpo humano, el Dr. Albert Sabin publicó hallazgos en autopsias humanas que demostraban que el poliovirus no es detectable en la mucosa nasal humana. Sorprendentemente, detectó también al virus en el tracto alimentario humano, como había sido observado en 1907.

Más tarde, Sabin dijo, “La labor de prevención [de la polio] fue retrasada por … modelos experimentales equívocos de la enfermedad en monos”.

Las trágicas consecuencias no acabaron ahí. Se sabía desde hace tiempo que las vacunas pueden hacerse de cultivos de células humanas, pero tanto la vacuna de Sabin, como la de Jonas Salk, fueron producidas usando cultivos celulares de riñones de macacos rhesus. Cientos de miles de macacos rhesus fueron importados de India. Muchos estaban enfermos y de un 15% a un 20% murieron al poco tiempo de llegar. Los macacos rhesus estaban infectados naturalmente con varios virus y sus tejidos fueron usados para incubar y reproducir los materiales para las vacunas. Los virus presentes en las células de los monos, a menudo tenían un período de desarrollo muy largo y eventualmente fueron vinculados a una enfermedad que afectaría a los humanos décadas más tarde.

Entre 1954 y 1963, 30 millones de personas en EE.UU. fueron vacunadas con una vacuna contra la polio que estaba contaminada con el virus símico SV40, un virus oncogénico conocido por incrementar las probabilidades de desarrollar cáncer en humanos.

Hasta el día de hoy, algunos científicos siguen dependiendo de los tejidos de monos para cultivar células, a pesar del conocido potencial de contaminación o información errónea. Muchos virus de los monos son desconocidos o no pueden ser detectados, y pueden ser transmitidos a los humanos a través de las vacunas. Para prevenir posible contaminación, países como Canadá y Reino Unido exigen el uso de cultivos de células humanas en la producción de vacunas contra la polio.

Si bien, los experimentos en primates han sido realizados en el transcurso de otros descubrimientos, esto no significa que los animales fueran vitales para los descubrimientos o pudieran predecir resultados en la salud de los humanos, ni se puede asegurar que los mismos descubrimientos no se hubieran hecho sin el uso de animales. Robert Matthews, profesor adjunto de ciencias de la Universidad de Aston en el Reino Unido, explica:

“Dar crédito a los animales por su papel en tales descubrimientos, no tiene más sentido que aclamar el uso de batas de laboratorio por los científcos involucrados. Como siempre las visten, sería raro que las batas de laboratorio no se citaran como pruebas cuando se hacen descubrimientos”.

Es más probable que avance la salud humana asignándole recursos al uso de métodos de pruebas sin animales, que son más relevantes para los humanos, en lugar de buscar pistas en pruebas frecuentemente engañosas en animales.

No es sorprendente que la mayoría de las personas aún crea la falsedad de que las pruebas en animales ayudan a los humanos. Los medios, experimentadores, universidades y grupos de presión exageran, desvergonzadamente, el potencial que tienen para hallar nuevas curas y el verdadero papel que han tenido en los avances médicos del pasado.

Por favor toma acción para instar al rector de la Universidad de Washington a que acabe con los crueles experimentos en monos e invierta en investigación relevante para los humanos:

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